Territorio de lucha y encuentro transfeminista

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A 40 años de aquel primer Encuentro, 150.000 mujeres y disidencias se dieron cita en Córdoba para poner en común sus luchas, denunciar las políticas del gobierno nacional de Javier Milei y defender sus territorios. Entre las calles, las aulas, las plazas y las carpas, las historias particulares se vuelven colectivas. Por Celina de la Rosa

No hay 40 sin 39. Nos encontramos de nuevo en la provincia más mediterránea de Argentina. Se reúnen 150.000 mujeres, trans, travestis, lesbianas, bisexuales, intersexuales y no binaries. A pesar de estas cuatro décadas pasadas, todavía sorprende y cuesta explicar de qué se trata a quienes no participan del Encuentro Plurinacional.

Con un despliegue increíble, las cordobesas de la Comisión Organizadora (CO) logran recibir a miles que pudieron dejar sus casas, poner en pausa sus múltiples trabajos, bajar montañas, salir del monte o de sus chacras. Cada una con su lucha a cuestas. No sucede sin diferencias ni disputas, como en otros movimientos sociales masivos. Pero esa pluralidad no se encierra en este tiempo y espacio. Tiene rienda suelta en cada instancia.

En el documento de apertura, leído a los gritos, ya se marca el carácter opositor al gobierno nacional de Javier Milei. En sus casi tres años de mandato, el gobierno ha barrido con los derechos de los sectores populares, de la mano de un programa de ajuste que golpea las condiciones de vida, profundiza las desigualdades y vuelve cada vez más difícil sostener la vida cotidiana. 

Imagen de La Nota Tucumán

El Poder Ejecutivo no fue el único señalado. Ya al inicio de todo, un gran cartel que atravesaba una calle, por primera vez, cargaba con las caras de los tres cortesanos junto a la leyenda de “cipayos vendepatrias”. Lorenzetti, Rosatti y Rosenkrantz fueron identificados por las mujeres y disidencias como responsables, no solo de avalar la inconstitucionalidad del decreto 70/23, sino también de desproteger al país de una mayor extranjerización y sumisión extractivista.

A esas cabezas del Poder Judicial se les ven las hilachas de un entramado heteropatriarcal, antidemocrático y racista que persigue a quienes reclaman justicia frente a las violencias de género, las violencias institucionales, los desalojos y a quienes no se quedan callados frente a los atropellos históricos y actuales. Las mujeres y las disidencias encuentreras, como la mayoría de la población argentina, desconfían, no le creen a esta “Justicia”.

La figura de la “Madre Justicia”, instalada en una esquina de la capital cordobesa, contrarresta ese sentimiento. La imagen de una mujer anciana marrón con una balanza en las manos, expresa otra idea de justicia: la de quienes necesitan reparación, el reconocimiento de la verdad de sus voces y el fin de los abusos y las torturas para sobrevivir .

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Una vez más, todo está preparado. Seguro las fallas no faltan, pero cuando ya retumba el grito de “Bienvenidxs, el Encuentro es de todas y todes”, el Pluri funciona a su propio ritmo. Las calles, las aulas, las plazas, los bares y los centros culturales son habitados por más féminas, chongas, travas y no binaries que nunca antes. Se convierten en escenarios de debates que reflejan las experiencias de cada provincia y los padecimientos específicos que surgen del plan deshumanizador de las ultraderechas a nivel global. Se hacen de nuevo río.

Los talleres, para algunas – las más antiguas – son el corazón de los encuentros. Cuentan las organizadoras que esta vez hubo 13 ejes temáticos, distribuidos en casi 100 talleres. Llama la atención la cantidad de nuevas participantes. Allí, de nuevo, se pone en juego la necesidad de contar las historias donde circula la palabra y cada experiencia encuentra lugar. 

Una madre protectora, como Yama Corín, relata cómo no se deja vencer por el tiempo y sigue el ejemplo de Norita Cortiñas. Más de una década después, continúa luchando para que una nueva instancia judicial condene al abusador de su hija. Además, resiste, junto a otras, la persecución del lobby que sostiene las narrativas según las cuales las denuncias por violencia de género, especialmente los abusos sexuales, son falsas. “La pedofilia es intríseca a los fascismos que gobiernan. Nosotras nos merecemos recuperar el sentido de justicia y vivir sin ser sus víctimas.”

Gloria, del Movimiento Nacional Campesino e Indígena, llega desde Jujuy después de salir de una internación hospitalaria producto de una fumigación. La envenenaron desde el cielo para que el monocultivo de soja arrase sin importar qué se lleva puesto. Otra de ellas, Katty Suárez, la Chicota, viene a relatar cómo se organizan en San Juan, en la zona del secano, en cooperativas para sobrevivir frente al desplazamiento que produce la minería, que no deja nada para quienes viven allí. Además, cuentan cómo el protagonismo de las campesinas en cada combate es puesto a prueba frente a los machismos dentro y fuera de las organizaciones. Una nueva dirigencia emerge denunciando a los violentos lo que las separa de lo rancio del pacto masculino en la política.

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La defensa de la tierra, este año no es una consigna aislada. Para los feminismos comunitarios, indígenas y campesinos es la posibilidad de seguir viviendo en sus hogares, de producir alimentos, de sostener comunidades y de no quedar a merced de los intereses económicos que avanzan sobre los bienes comunes. 

En Córdoba, esa discusión se vuelve parte de una agenda feminista de quienes buscan articular sus luchas. Porque no se aíslan las endeudadas y las precarizadas de las ciudades y sus conurbanos. Muchas de ellas son las desheredadas de las poblaciones desplazadas en las conquistas de cada mal llamado “desierto” o de los éxodos por la deforestación, por el cierre de los ingenios. 

En las plazas más céntricas, la vida del Pluri se muestra en plenitud. Este año, la recesión y falta de trabajo se sienten con fuerza en las más de tres ferias que desbordaron las plazas con sus puestos. Muchas de las feriantes son las propias participantes: artesanas, costureras, ceramistas, entre otras. Además, crece la venta de ropa, peluches, maquillajes, perfumes y, por supuesto, comidas. 

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En el agora del Pluri, te abrazas con las compañeras que no ves desde hace un año, con las cuáles mantenés solo conversaciones virtuales para no decaer ante el shock ajustador, y con las amigas que una historia de luchas: desde el divorcio, el cupo electoral, pasando por las leyes contra las violencias, el aborto legal y todas las conquistas que los feminismos supieron conseguir.

Ahí hay acciones colectivas: pañuelazos, asambleas intersindicales de trabajadoras de prensa, del Abya Yala, de Ni Una Menos, stands de campañas por Cristina Libre, por la Reforma Judicial o gazebos de las orgas como el de la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir. Hasta un acto preelectoral de Myriam Bregman tuvo lugar.

Las tortas también caen a la plaza, con sus camperas rompevientos de colores llamativos y diseños geométricos, sus mechones violetas y sus flequillos cada uno más corto. Las banderas de franjas en degradé, del naranja oscuro a tonos más claros, pasando por el blanco hasta llegar a distintas tonalidades de rosa, acompañan la escena. Se montan en una carpa de lona blanca, con picos de diferente tamaño, para iniciar su asamblea en la Plaza de la Intendencia, apropiada como el Tortódromo por el movimiento lésbico cordobés.

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Las acompaña un pasacalles que reza “Fue lesbicidio”, monocorde pero contundente. Ya se acerca el final del juicio por el triple crimen de Barracas, en el que un violento vecino dejó a Sofía sola, sin sus tres compañeras y amigas, tras un ataque con fuego en medio de la noche. 

En cada una de estas escenas se hace presente una misma necesidad, que las violencias no queden impunes, que las víctimas y sus familias no sean perseguidas por reclamar justicia y que las historias que tantas veces quedan fuera de la agenda pública puedan ser escuchadas. Los nombres, las denuncias y las demandas de las mujeres y las disidencias viajan desde cada territorio para encontrarse con otras experiencias y construir una memoria y una salida colectiva.

No hay 40 sin 39. No hay Encuentro sin quienes viajan durante horas, organizan rifas, preparan las comidas, sostienen las asambleas y ponen el cuerpo para que miles puedan encontrarse. Tampoco sin las diferencias que atraviesan al movimiento, sin las discusiones que incomodan ni sin las historias que obligan a mirar aquello que el poder busca dejar fuera de escena.

Córdoba vuelve a ser territorio de encuentro. En sus calles, las luchas particulares se reconocen unas a otras y construyen un espacio común. Porque, aun en tiempos de ajuste, persecución y avance de las derechas, encontrarse sigue siendo una forma de organizarse, de resistir y de imaginar otros mundos posibles.

“CABA, CABA, CABA. Tomemos la Rosada”. La próxima sede será la Ciudad de Buenos Aires, allí donde nació este Encuentro, donde más de un millón de mujeres y diversidades se reunieron en 2018 para esperar la votación del aborto legal y volvieron a encontrarse en 2020, cuando finalmente se conquistó ese derecho. La ciudad de la furia, el centro político del país, será el escenario de un nuevo capítulo de estas luchas, en un año electoral en el que volveremos a encontrarnos para resistir cuerpo a cuerpo el avance de las derechas y defender todo lo conquistado.

Si algo demuestra nuestra historia es que ninguna conquista fue un regalo y ninguna lucha se sostiene en soledad. Nos llevamos de Córdoba las voces, los abrazos, las discusiones y la certeza de que, incluso en los tiempos más difíciles, seguimos siendo muchas, muches, muchos. Que hay redes que sostienen, territorios que resisten y una memoria colectiva que no empieza ni termina en una elección.

En 2027, el desafío será volver a encontrarnos en el corazón político del país para seguir haciendo lo necesario para transformarlo. Porque no hay 40 sin 39, ni futuro posible sin todxs lxs que estuvieron, lxs que están y lxs que vendrán. El Encuentro sigue.

Cobertura colaborativa La Tinta, La Nota Tucumán, Antro de Lesbinas y LatFem